sábado, 30 de mayo de 2009

Conquista de México (Causa de la derrota de los mexicanos)

En principios debemos señalar como una causa de primer orden la concepción fatalista que de la vida se tenía en el mundo prehispánico, responsable de que a los conquistadores se les mirara no solamente con curiosidad, sino con temor y respeto, gracias a lo cual pudieron fácilmente desembarcar y profundizar en el país sin grandes luchas, Y también cuando por esa misma causa, como lo confirma el relato de las profecías de que fue objeto Moctezuma II, este no se decidiera a combatirlos durante su recorrido inicial de penetración al centro de México, sino que les permitiera llegar a Tenochtitlan y los alojara en la ciudad.
· Otra razón muy poderosa del éxito alcanzado por los españoles fue seguramente la crítica situación política por la que atravesaban los pueblos de Anáhuac, sometidos a una severa tributación y con una manifiesta inconformidad que hizo posible que muchos pueblos se sumaran a los españoles con la esperanza de una vida mejor. Ello precisamente explica la participación de Ixtlilxóchitl, seguramente la más importantes de las causas que determinaron la ruina de Tenochtitlan, ya que no solamente como las crónicas indígenas lo señalan, fue el verdadero conductor del sitio, sino porque resulta inexplicable que una gran ciudad, con las complicadas condiciones lacustres, hubiera podido ser férreamente cercada por un puñado de 600 a 700 europeos, a no ser por la colaboración de los numerosos ejércitos del jefe tetzcocano que, por tales razones, debe ser considerado como el verdadero conquistador de la gran capital mexica, aunque sólo lo haya hecho para entregarla a los españoles de Cortés. La esperanza de una vida mejor se esfumarían muy pronto.
· Una consideración final que nos parece justa en relación a la liquidación del mundo indígena en el año de 1521, que nos permite dejar entredicho la tan socorrida idea de la superioridad de la técnica y del armamento de los extranjeros, es la que en realidad los ejércitos aztecas nunca fueron vencidos, y que la caída de su ciudad obedeció a la impotencia para continuar la lucha, ocasionada por le hambre, la sed y la peste generadas por el severo y prolongado sitio a que estuvieron expuestos.
· Tampoco estamos de acuerdo con la idea civilizadora española que sostienen algunos investigadores. El pueblo mesoamericano tuvo un grado de cultura y educación, tan elevado, que les permitió convertirse en la base de la civilización de América.
Campaña de Cortés en la región poblana


Antes de lanzarse sobre México, el conquistador se preocupó por asegurar la ruta de Veracruz y evitar que algunos pueblos independientes o tributarios de los aztecas pudieran prestarle ayuda; para tal fin emprendió en los meses finales de 1520 una gran campaña para someter a los pueblos de la zona de Puebla, apoderándose de la mayoría de ellos y asegurando una vía de escape por si fuera necesaria.
Estos combates, que atraían de momento toda la atención de Cortés y que pocas riquezas dejaban a sus soldados, desalentaron a muchos de ellos, que mostraron su descontento hasta obligar al capitán a enviar a Andrés de Duero y otros inconformes a Cuba.


La marcha sobre Tenochtitlan

Para el 26 de diciembre consideró estar preparado para llevar a cabo la campaña final sobre Tenochtitlan, dio a conocer unas severas ordenanzas que le permitiera mantener la disciplina y pasó revista a sus tropas, en total 550 infantes, 40 soldados de caballería y 9 cañones. Dos días después, acompañado por 150 000 indígenas aliados se dirigió a Tetzcoco, en donde se instaló y recibió sumisión de algunos poblados ribereños. En el mes de febrero ordenó a Gonzalo de Sandoval que trajera las 13 embarcaciones construidas en Tlaxcallan y en el mes de marzo emprendió una campaña con la intención de someter a los pueblos de la Cuenca, solamente que al avanzar sobre Tlacopan se vio obligado a trabar combate en Xaltocan, y aunque logró entrar en la calzada, tuvo que retirarse con algunas pérdidas.
En abril de 1521 combatió nuevamente en Chalco, pues los mexicas habían recuperado nuevamente la región. Emprendió una campaña contra los Tlahuicas, aliados de los mexicanos y aunque venció en Tlayacapan y Cuauhnahuac, al guerrear en Xochimilco fue hecho prisionero y hubiera sido sacrificado a no ser por el oportuno rescate que de su persona hiciera Cristóbal de Olea, gracias a ello pudo regresar a Tetzcoco el 22 de abril y, si bien es cierto que se encontró con nuevos refuerzos, también se vio obligado a reducir una conspiración por la que se pretendía darle muerte y regresar a Cuba. Afortunadamente para el conquistador le fue denunciada, y ordenó ahorcar al cabecilla Antonio de Villafaña, haciendo saber al resto de sus soldados que no castigaba a más porque Villafaña se había tragado la lista de los conjurados, este recurso según afirman algunos cronistas fue adoptado por Cortés en virtud de que eran muchos los complicados y el haberlos castigado hubiera resultado un serio riesgo para la empresa.

El sitio de Tenochtitlan.

Pacientemente preparó Cortés el sitio de la ciudad; las embarcaciones fueron armadas y el 28 de abril, después de haber sido bendecidas por Olmedo, se botaron al lago aprovechando un canal construido por Ixtlilxóchitl. Acto seguido hizo un recuento de sus tropas y se encontró con 700 soldados de infantería, 86 de caballería, 118 ballesteros y 13 cañones. El 20 de mayo dividió su ejército con el propósito de ubicarlo en los puntos estratégicos que permitieran el cerco de la ciudad:
- Pedro de Alvarado, con 150 infantes, 30 de caballería, 18 ballesteros y 25 000 indios aliados, lo comisionó para que se estableciera en Tlacopan;
- Cristóbal de Olid, con 160 infantes, 32 de caballería, 18 ballesteros, 2 cañones y 20 000 aliados, lo envió a Coyohuacan;
- Gonzalo de Sandoval, con 150 soldados de infantería, 24 de caballería, 17 escopeteros y 20 000 aliados, le señaló como cuartel general el pueblo de Iztapalapan;
- La armada que estaba constituida por numerosas canoas de sus aliados indígenas y los 13 bergantines construidos por Alonso, quedaba bajo el mando directo del capitán general, auxiliado por algunos oficiales como Juan Jaramillo, Pedro Barba y Juan García de Holguín.
Una vez distribuidos sus ejércitos, inició formalmente el sitio el 26 de mayo de 1521, demoliendo una parte del acueducto que surtía de agua a la ciudad y al poco tiempo los combates se daban tanto en el lago como en las calzadas. Durante los primeros días del sitio los habitantes de Tenochtitlan recibían ayuda de afuera por la calzada del Tepeyac, pero cuando los españoles se dieron cuenta encargaron a Sandoval que cerrara esta última comunicación con el exterior.
A fin de violentar la rendición de la ciudad se ordenaron numerosos asaltos que si bien tuvieron éxito, no significaron avances firmes en la lucha, ya que los sitiados, haciendo gala de valor y heroísmo, recuperaban en la noche los territorios ocupados por los españoles. Según el Códice Ramírez, este hecho disgustó mucho a Ixtlilxóchitl, que por ello llamó la atención al conquistados, haciéndole ver que lo que sus guerreros conquistaban de día, los soldados españoles lo perdían en la noche, sugiriéndole a Cortés que, a medida que se fuera avanzando en la ciudad, los españoles se dedicaran a demoler las casas que eran empleadas como parapeto por los mexicas.
Frecuentemente estos combates eran adversos a los europeos, como sucedió cuando Pedro de Alvarado intentó capturar Tlatelolco para ser rechazado con grandes pérdidas, entre los que se contaron algunos españoles hechos prisioneros y sacrificados en el templo mayor, o cuando en el lago mediante una trampa, los mexicas estuvieron a punto de capturar a uno de los bergantines y dieron muerte a Pedro de Barba y a Juan Portillo.
Seguramente el más importante de estos fracasos lo constituyó el asalto que sobre Tlatelolco dio Cortés el 28 de junio, cuando no solamente fue rechazado, sino herido en una pierna y hecho prisionero, y de no haber sido, según Bernal Díaz del Castillo, salvado de nueva cuenta por Cristóbal de Olea que perdió la vida en la empresa, hubiera sido sacrificado en el templo mayor de la ciudad.
Los combates eran más encarnizados, el cerco se estrechaba poco a poco y la ciudad era destruida rápidamente: pero a pesar del hambre, la sed, y la viruela que diezmaban a los aztecas se resistían a rendirse. Su resistencia era heroica y rechazaban una a una las proposiciones de paz que el conquistador hacía llegar al soberano. Para principios de agosto Tenochtitlan se había reducido a escombros, con ellos se habían rellenado los fosos y los cortes de las calzadas, mientras los defensores de la en otros tiempos orgullosa urbe del Anáhuac, asolados por la peste y el hambre, apenas podían soportar el peso de las armas y los combates se transformaban en mero degüellos.
La fatalidad se cernía sobre el pueblo de Huitzilopochtli, pues en uno de los tantos combates Ixtlilxóchitl logró aprehender a su propio hermano Coanácoch, y al verlo encadenado, los soldados tetzcocanos leales a México abandonaron la lucha. Ya solos los aztecas, reducida la resistencia del barrio de Tlatelolco y cuando en las calles y calzadas de la ciudad se amontonaban los cadáveres de hombres y mujeres sobre los cuales se tenía que caminar, soportaron tremendos ataques el 7 y el 8 de agosto, después de los cuales el conquistador hizo llegar nuevas ofertas de paz, que fueron rechazadas por ese asombroso pueblo que se sostenía en pie de lucha a pesar de la inminente tragedia que les esperaba.
La situación era insoportable y se dice que para ese entonces el Hueitlatoani (El rey Cuauhtémoc) y su familia vivían en una canoa recorriendo el lago. En esas condiciones, el capitán español ordenó el asalto general el 12 de agosto, conduciendo él y Alvarado el asalto por tierra, encomendando el mando de la flota a Gonzalo de Sandoval. A pesar de que la batalla degeneró en una cruel matanza de indígenas inermes, la ciudad no se rindió; al día siguiente, 13 de agosto de 1521, cuando los ejércitos invasores se aprestaban a dar el golpe final, la canoa que conducía Cuauhtémoc, el regio guerrero de la resistencia, fue sorprendida en el lago por la embarcación de García de Holguín que lo hizo prisionero.

Cuauhtémoc en unión de Tetlepanquetzal fue llevado ante Cortés y, al llegar frente al conquistador -las crónicas recogen el momento- sus palabras de rendición reprodujeron el sentir de un pueblo al que heroicamente condujo, ya que en lugar de aceptar la sumisión y la derrota, con energía se dirigió al español diciéndole:
“Señor Malinche, he cumplido lo que estaba obligado en defensa de mi ciudad y de mi pueblo y no puedo hacer más; y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, haz de mi lo que quieras, toma ese puñal que llevas en el cinto y mátame con él”
La noticia de la captura del soberano se divulgó rápidamente por la ciudad y con profunda pena, pero con orgulloso heroísmo, el diezmado ejército mexica rindió sus armas después de un prolongado sitio de 75 días, al cabo de los cuales se daba fin a la guerra y con ella terminada la vida del más poderoso de los pueblos de América.

Conquista de México (Tlaxcallan refugio de los conquistadores)