sábado, 30 de mayo de 2009

Conquista de México (Cortés en Veracruz, La marcha a México, Hernán Cortés en Tlaxcallan)

Cortés en Veracruz
En este puerto decidió Cortés la forma en llevaría a cabo la conquista de México; por principios de cuentas estableció el Ayuntamiento para que desconociera las instrucciones y la autoridad del gobernador de Cuba y tratara de legitimar la autoridad del conquistador, otorgándole los nombramientos de Capitán de la armada y justicia mayor. Otra seria preocupación, que tenía Cortés, era la de reconocer el reconocimiento de la corona para llevar a cabo la empresa de conquista, por lo que decidió enviar una nave a fin de obtener la autorización real.
Entre tanto, se veía obligado a controlar su ejército, pues algunos soldados partidarios del gobernador de Cuba se mostraban recelosos e inconformes en contra del conquistador y habían decidido apoderarse de una nave y regresar a Cuba. Con serena frialdad y para demostrar que no se andaría con miramientos, detuvo a los cabecillas y los hizo ahorcar, condenando a los azotes a otros soldados implicados en la sublevación.
Para finales del mes de junio envió una nave a España, comisionando como procuradores a alonso de Escudero ya Francisco de Montejo; poco después ordenó hundir frente las costas de Veracruz el resto de las naves, esta decisión, así como el severo castigo impuesto a los traidores de su causa, permitió que restableciera su autoridad sobre el ejército español, pues sin contar con recursos para regresar a cuba, tuvo que disciplinarse a la órdenes de su capitán.
Estando en Veracruz recibió la primera embajada del emperador azteca Moctezuma II que había enviado algunos nobles mexicas, para que le hicieran entrega de oro y otros obsequios, pero con el mensaje de que no siguiera tierra adentro, que se regresara. El temido emperador mexica, dueño de casi todo el territorio mesoamericano, confundido por las supersticiones veía en Cortés el cumplimiento de las profecías y el fin de su reinado; el conquistador, informado de las rivalidades de las poblaciones contra los mexicas, aprovechó la oportunidad de atemorizar a los indígenas haciendo funcionar sus armas de fuego.
Inició entonces una hábil política hacia los pueblos sometidos por los aztecas o enemigos de estos; fue así como concertó la alianza con los totonacas de Cempoala, ciudad que designó con el nombre de Nueva Sevilla. Los totonacas alentados por esta alianza hicieron prisioneros a cinco recaudadores de tributo mexicas a los que pretendían dar muerte; inteligentemente Cortés los protegió con el propósito de liberarlos y enviarlos de nuevo a la capital mexica Tenochtitlan e informaran a Moctezuma del poderío del rey que representaba más allá de los mares y de lo inútil de resistirse a ser dominados, proponiéndole su amistad; a pesar de ello Moctezuma le envió la segunda embajada con la petición de que no siguiera avanzando y menos que llegara a la ciudad de Tenochtitlan.




La marcha a México
El entendimiento que había logrado con el cacique gordo de Cempoala y la ayuda que le prometiera, decidieron a Cortés a emprender la marcha sobre Tenochtitlan hoy ciudad de México. Dejó en Cempoala a una guarnición de 100 hombres españoles al mando de Juan de Escalante y el 16 de agosto de 1519 abandonó la Nueva Sevilla con 400 soldados de infantería, 15 de caballería, 6 piezas de artillería y 2000 indios aliados. Pasó por las poblaciones de Xalapan, Xicochimilco, Texiutlan y Xocotla; en este sito permaneció cinco días bajo la protección del cacique Ollintetl y envió a cuatro cempoaltecas para que llevaran una embajada a Tlaxcallan, hoy Tlaxcala, ofreciendo su alianza y solicitando permiso para cruzar sus tierras. Cortés, informado de la rivalidad existente entre Tlaxcaltecas y Aztecas ideo sacar ventaja a esa situación, pero Tlaxcallan que se encontraba dividido en cuatro grandes señoríos, bajo la jefatura de Xicotencatl el Viejo, Tlehuexolotzin, Citlapopocatzin y Maxixcatzin, no iba a ser fácil de convencer, sobre todo el aguerrido Xicotencatl quien era partidario que se les combatiera.
El conquistador esperó inútilmente la respuesta de su embajada, por lo que el 31 de agosto decidió invadir los territorios Tlaxcallan, dándose en Tecoac la primera batalla, en la que los tlaxcaltecas tuvieron que retirarse. Nuevos combates con los españoles tuvieron lugar el 1º y el 5º de septiembre; a raíz de ellos cortés ordenó la quema de poblados y el 7 de ese mes tuvo lugar una nueva batalla en la que los tlaxcaltecas dirigidos por Xicotencatl el Joven fueron vencidos, no quedándoles otro recurso que aceptar la paz y permitir la entrada de los españoles a su ciudad, a la que llegaron el 22 de septiembre.




Hernán Cortés en Tlaxcallan
Desarrolló una gran actividad en Tlaxcallan, encaminada a asegurar las posiciones hasta entonces obtenidas y preparar la llegada a México. Intentó combatir la religión indígena para imponer a la fuerza la religión cristina, pero por consejo del padre Olmedo, desistió de este proyecto, dejando en cierta libertad a sus aliados.
Envió a Diego de Ordaz al Popocatepetl para conseguir azufre con el que se pudiera hacer pólvora para las armas, hazaña que mucho asombró a los naturales, pues se afirma que en ese entonces el volcán mantenía cierta actividad.
Estando en Tlaxcallan recibió por primera vez una embajada de Ixtlilxóchitl, el príncipe texcocano rebelde contra el estado mexica por no haber sido considerado para ocupar un puesto en la organización política azteca, desde Otumba se mantenía operando con sus guerreros por la región. Este príncipe sería el más serio aliado de cortés en contra de su propia raza.
El 13 de octubre salió de Tlaxcallan con 6000 indios aliados, marchó sobre Cholollan, hoy Cholula, una de las más importantes ciudades del México antiguo, donde se lo recibió con gran desconfianza, fundamentalmente por la presencia de los tlaxcaltecas enemigos acérrimos de los cholultecas. Instigado por los indios aliados, Cortés reunió mediante engaños a los jefes y a un crecido número de cholultecas en la plaza de la ciudad, ordenando la cruel matanza de indios indefensos que, según cuenta Bernal Díaz del Castillo, duró tres días con sus noches y que no cesó, hasta que la sangre coagulada de los sacrificados llegó a las corvas de los caballos.
Este cruel acto, que no ha encontrado hasta hoy justificación alguna para quines se consideraban portadores de una religión superior a la indígena y cruzados de una religión que predica la caridad y la bondad, permitió al conquistador apoderarse de la región poblana, en donde permaneció hasta el 1 de noviembre, fecha en la que ordenó el avance de su ejército a territorios mexicas. Ese mismo día durmieron en Calpan y al día siguiente, recorriendo el camino de los volcanes (Paso de Cortés) se presentó en Cuauhtécatl, en donde recibió una rica embajada de Moctezuma. Algunos cronistas han afirmado que se pretendió engañar a Cortés, pues el embajador Tziucpopoca se presentó ataviado con las ropas de Moctezuma, sólo que fue reconocido por los Tlaxcaltecas que descubrieron el engaño, cosa que enojó mucho a Cortés.
De Cuauhtécatl marchó a Amecamecan, pasó por Tlalmanalco y en Ayotzinco se encontró con Cacama, quien por orden de Moctezuma le pidió que no llegara a la ciudad. La demanda fue rechazada por los españoles, que continuaron la marcha sobre Tenochtitlan.